Quiénes fueron los filiichristi? -Fueron un grupo de amigos, todos naturales de Agulo (La Gomera), a excepción de uno de ellos, que llegaron a crear una congregación teosófico-cristiana en los años veinte del pasado siglo.
Interesados en las letras, la filosofía, las mancias, los conocimientos orientales, teosofía, esoterismo… ¿Eran librepensadores?, ¿eran masones? -Librepensadores que, como bien dices, se interesaron por múltiples conocimientos, sabidurías y credos. Cuatro de ellos pertenecieron a la masonería: a las Logias de Añaza (Tenerife) y Fuerza Numantina (Madrid).
¿La represión franquista convirtió a los filiichristi en perseguidos como también ocurrió por ejemplo con los masones? -A cuatro de ellos, precisamente a los que pertenecieron a logias, se les procesó y condenó durante el franquismo. Uno de los filiichristi desapareció para siempre, aunque su último rastro alude al Tíbet, y los otros tres vivieron en Madrid y Tenerife. La Guerra Civil abortó de raíz el proyecto de la congregación.
¿De dónde proviene la creencia popular de que los integrantes de este grupo eran capaces de hablar con los muertos? -En la investigación he seguido dos grandes líneas: la que proviene directamente de la documentación y la obra literaria y periodística de los filiichristi y la ofrecida por la memoria colectiva que se mantiene viva en Agulo, gracias a personas que los trataron íntimamente. Según los testimonios recogidos, muchas personas acudían a ellos para encontrar objetos perdidos, saber del paradero de familiares durante la guerra y la emigración y para contactar con seres de otra dimensión. Además, Pedro Bethencourt Padilla, uno de los filiichristi, explica en el prólogo de su libro La corrupción del mundo o el imperio de la magia, que seres de otro mundo lo han elegido para redactar las advertencias que ofrece en su obra, por lo que él no es el autor sino el medio del que se han servido los otros.
¿Vivió La Gomera de espaldas a los filiichristi? -En gran medida, sí, porque la acción de los filiichristi se llevó a cabo de puertas para adentro, en su pueblo. No obstante, eran conocidas sus reuniones en el cementerio de Agulo y en el Garajonay. También hay testimonios de reuniones en el faro de San Sebastián, capitán de La Gomera. Parece que llegaron a establecer una pequeña célula en Vallehermoso, otro municipio del norte de La Gomera, pero debió ser un episodio muy corto porque apenas existen referencias. En Agulo eran muy conocidos, pero hay que tener en cuenta las dificultades de aquel momento para trasladarse de un pueblo a otro, lo que originó que el epicentro de su historia sea Agulo.

Y la isla del siglo XXI, ¿sabe de ellos? -Desde que comencé a investigar y a ofrecer charlas sobre los filiichristi, tanto en La Gomera como en Tenerife y Gran Canaria, ha aumentado el interés por este grupo místico y esotérico. En el Agulo actual están muy presentes y ojalá, poco a poco, vayan alcanzando mayor repercusión, porque su historia y sus obras la merecen.
El actual Parque Nacional de Garajonay, y Patrimonio de la Humanidad, ¿qué relación tiene con los filiichristi? -Los filiichristi estudiaron la posibilidad de asentarse en el Garajonay y allí crear su espacio de meditación y estudio. Este objetivo junto al de emprender acciones para alfabetizar a la población fueron los grandes proyectos que no pudieron emprender.
¿Este libro, que acaba de ver la luz, es sobre todo una porción de la memoria colectiva de Agulo? -Ha sido fundamental para la investigación que la memoria colectiva de Agulo se prestara en todo momento a ofrecer sus recuerdos, anécdotas y materiales. Gracias a ellos he podido reconstruir, en la medida de lo posible, la vida y el carácter de sus protagonistas.

Agustín Bethencourt Padilla